sábado, 20 de junio de 2009

.:: AVE, EVA * ::.

* Presentación escrita por Tatiana Lobo Wiehoff para el libro-arte Por los sigNoS de los siglos Amén.

TRABAJO COMPLEJO PRESENTAR un libro que es plástica, novela, y rima de juglar con acompañamiento de guitarra popular. Que es historia, genealogía y saga familiar. Unidad compuesta de diferencias, sin aduanas fronterizas. Forma y contenido, la belleza va estrechamente abrazada al discurso.

La novela de Raquel Villarreal Montoya usa la estructura del santo rosario, pero revela de una vez su intención de ponerlo patas arriba. El rito doméstico y el rito creacional ordenan el mundo cotidiano y estético al estimular el recuerdo a través de la repetición. Mantra que sostiene y centra la existencia. Lo llama El tonSan RioRosa, que comienza en “El Nombre de la Madre, de la Hija y de la Abuela.com”. Ancestras abusadas, violadas, agredidas; “en la casa paterna abusó y violó a Gerónima que tenía 12 años”. Nos enteramos que Jesús Montoya sacó a María Pérez del orfanato cuando ella tenía 13 años para que le pariera 13 hijos. La creadora no admite trampas en su genealogía. Levanta las enaguas donde se esconden las consecuencias de la tiranía doméstica. Las casadas se vuelven malencaradas, enojonas, tristes, agresivas. Las solteras son tacañas y usureras. La madre soltera no va sola, la acompaña una jaculatoria: “culpable y que no hable”.

Económica, la creadora traslada la línea precisa y sobria de sus dibujos a su narrativa:” Jesús se fue acomodando y hubo que sacarle un ojo, adelgazó, decreció, y con el ceño fruncido se agachó y se fue apagando”.

Remezón para el folclor patriarcal y reaccionario que hace de la vida rural un idílico potrero de mujeres bonitas con camisa de gola, habitantes de un mundo imaginario donde las guarias están al alcance de la mano. No vemos, aquí, la casita de adobe con techo de tejas, ni aparecen tapias encantadas. Hay goteras que caen desde el zinc, barro en el piso de tierra; conflictos, congojas económicas, mucho dolor y mucha injusticia. Al mito se le cae la careta y lo que aparece no es tan valiente y tan viril como se piensa: “Tendría Tivo 18 años cuando lo macho se impuso y un su tutor, muy amigo, se propuso hacerlo hombre y se lo llevó de putas. Una enfermedad venérea, a lo mejor gonorrea, de la cintura hacia abajo se fue muriendo el muchacho”.

Aparente desorden del texto impreso para proponer un nuevo orden. Diagramación que a primera vista parece caótica y que según avanza la lectura revela el universo desconocido y coherente que los mitos ocultan. La creadora altera el asiento de las cosas para evidenciar lo que las convenciones disfrazan. Otra escritura para descubrir los nudos y hebras sueltas del envés, el debajo que el arriba no permite ver. Signos y mayúsculas intercaladas con malicia, palabras de mar de fondo que rompen la sedosa superficie de los engaños de la lengua.

Verso campesino. García Lorca sonríe: “La pájara estaba pinta y pintada en la pared”; Emilia Prieto se encanta: “Mi amor es mi amor y punto lo demás es mierda en lata”. ¡Bomba!: “Para transar con la muerte vamos haciendo la vida, creamos conceptos y dioses, ideologías, religiones y mercados que englobados darán fin a este planeta”.

Poeta de fiestas impopulares, recitadora de ferias transgresoras, rezadora de rosarios heréticos, la historiadora narra el pasado de un Escasú sin zopetas y muestra, con humor, su transformación. El antes: “La casa era de madera con piso de tierra y cerco y de la acequia también se tomaba el agua para cocinar, bañarse, beber y regar los siembros”. El ahora: “Francisco que mamó el dolor y el desapego se hizo adulto y tuvo un inmenso deseo de afectos, fincas, lotes, casas, viajes, carros.”

¿Y los dibujos? Materiales escuetos: lápiz, papel de banano y goma de borrar. La creadora no necesita más, seduce con lo poco de su instrumental y con lo mucho de su arte.

¿Y la autobiografía? “El sexo se me dispara, el pecado me acomete, el ciclón me revolcó y dejó patas arriba y resurgí del incendio como creadora perdida”.

Pero la creadora no se pierde en los meandros de su obra integradora, no se extravía en la banalidad ni se deja arrastrar por el ludismo. Todo aquí tiene un sentido y todo está bien amarrado, estructura racional y controlada que le permite vuelos surrealistas para volver, siempre, a la tierra: “Voy camino a lo sin nombre y perderé la conciencia, regresaré a la materia, seré polvo, nada, ausencia”.

Modesta, Raquel. No puede haber ausencia donde quedan tus dibujos y este libro.

Tatiana Lobo Wiehoff

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